Las rivalidades entre hermanos

En ocasiones, los padres tienden a pensar que con la llegada de un nuevo hermanito/a todo va a ser mejor, alguien con quien nuestro hijo actual pueda jugar, compartir… Pero en la práctica no todo resulta tan fácil. La rivalidad entre hermanos suele aparecer por diferentes motivos.
El primero de ellos, y más importante, es atraer la atención de los padres, es por este motivo que un niño mayor puede hacer una regresión a etapas anteriores del desarrollo y adoptar conductas tal y como chuparse el dedo o orinarse en la cama con tal de llamar la atención de los padres.
En segundo lugar es la lucha de poderes. Los hermanos mayores suelen aprovecharse de su experiencia, altura, edad para imponerse al menor, pero en ocasiones el menor utiliza alguna cualidad que el mayor no tiene (inteligencia, aspecto físico, habilidades sociales…). Si hay más hermanos esta lucha de poder puede presentase en forma de coaliciones entre hermanos, o chicos contra chicas.
Un tercer factor por el que se da la rivalidad entre hermanos es por el hecho de conseguir más cosas; en este sentido la frase “esto es mío” o “ahora lo tengo yo” suele ser el desencadenante de numerosas batallas y/o rabietas.

Cuando sólo tenemos un hijo, hemos de tener en cuenta que al menos hasta los tres años de edad éste se cree el centro del mundo, por lo que si durante este periodo de edad, los padres deciden tener otro hijo es fundamental preparar al primero para la incorporación de un nuevo miembro.

Algunas consideraciones que nos pueden ayudar para evitar la rivalidad entre hermanos son las siguientes:

– Hablarle del nuevo hermano consiguiendo que el niño sea haga participe de la experiencia que están viviendo los padres.

– Ayudar a los niños a que pasen tiempo y hagan actividades fuera de casa, ya que de esta manera el niño aprenderá a sentirse bien sin sus padres.
– Lograr que los hermanos ayuden (con supervisión) en el cuidado del bebé para establecer vínculos de unión entre ellos.
– Establecer reglas claras de lo que se puede y no se puede hacer con el bebé.
– Importantísimo reservar tiempo para los hermanos mayores. Por mucho que lo intentemos evitar en algunos momentos les parecerá que sus padres están volcados en el bebé, por eso la importancia de buscar un espacio de diálogo y atención diario.
– No hacer comparaciones entre los hermanos, y mucho menos en público. Si hemos de felicitar o reñir a alguno de los hermanos que no sea en presencia de otro. Siempre es mejor utilizar el elogio que la comparación.

Finalmente, por mucho que nos pueda parecer extraño, no hemos de “racionalizar” la educación en todo momento, es decir, no tienen que seguir caminos o vidas paralelas… cada uno tiene sus intereses individuales, y aunque sea más fácil para los padres no hay que insistir en que el hermano menor siga los mismos pasos que el hermano mayor. En este sentido, debemos establecer reglas y privilegios de acuerdo con la edad, sexo y resultados.

¡Mucha suerte!